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TENADA VERDE - espacio de vida sostenible

...en el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar

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El Valle del Hornillo es una de las zonas de interior del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar de mayor valor etnográfico y natural. El valle se queda casi completamente despoblado durante los años 60 cuando los últimos habitantes abandonan las grandes cortijadas donde vivían para emigrar hacia el norte de España o trasladarse al "campo de allá", el valle al otro lado de la sierra de la Serrata que separa en dos valles los Campos de Níjar.

En el momento del despoblamiento se practicaba en el valle una vida de subsistencia basada en la agricultura de secano y tecnologías ancestrales. Su estilo de vida casi no había experimentado evolución en miles de años. El repentino abandono y la sucesiva declaración de zona protegida como Parque Natural nos permiten contemplar hoy el mismo paisaje que sus habitantes han contemplado a lo largo de la historia. El Valle del Hornillo es un museo al aire libre de la historia rural de esta zona, nos ofrece todos los elementos interpretativos necesarios para entender la forma de ocupación y de vida de esta área.

vida en el valle

La vida en el valle era muy dura, en muchos momentos paupérrima, y muy dependiente de la climatología extrema de esta zona. Todas las estrategias de vida estaban orientadas al máximo aprovechamiento de los recursos y, a la vez, a su conservación. El tamaño de las cortijadas y de sus eras, la distancia entre cada núcleo habitado y su distribución sobre el territorio, mantienen una proporción exacta relativa a la capacidad del territorio de ofrecer recursos a sus habitantes en términos de tierra y agua.

Los balates, muros de piedra seca que aterrazaban los campos y las laderas de los montes, aumentaban la capacidad de la tierra de retención de las lluvias y preservaban los campos de la erosión. Frente a la dificultad de excavar pozos que llegaran a las muy profundas aguas subterráneas (en otras zonas del parque los pozos y las norias son más comunes) los aljibes permitían recoger y almacenar grandes cantidades de agua alimentándose con la escorrentía superficial del agua de lluvia. Los grandes aljibes de bóveda son testigos de la presencia de ganado, en las cortijadas donde no había animales solían construirse aljibes más pequeños de cúpula conocidos como tanques. En particular en la Cortijada del Hornillo hay una tenada, un recinto de piedra donde guardar el ganado, que ha dado nombre a la Casa rural Cortijo la Tenada y al proyecto de la Tenada Verde.

arquitectura popular

También la arquitectura popular de los cortijos nos enseña estrategias de vida que intentaban aprovechar al máximo los recursos y las condiciones climáticas. Los cortijos se construían con las piedras del campo y argamasa, una mezcla de barro y cal. Los techos planos se sujetaban con vigas de madera, en algunos casos palos de pita, cubiertas con cañas, hojas de palmito, yeso y tierra. Observando los cortijos del Valle del Hornillo se puede notar que su fachada principal está siempre orientada a sur-este, para captar el calor y la luz. Los muros son de hasta 60cm de espesor para aumentar la inercia térmica, en otras palabras, ralentizar la entrada de calor en verano y su salida en invierno. Las ventanas muy pequeñas para protegerse mejor en verano y dejar salir menos calor en invierno.

Los aljibes, los gallineros, las cochiqueras (donde se guardaban los cochinos) y los hornos de pan también se construían con piedra y argamasa y los techos eran de bóveda de piedra, la solución constructiva más fácil y barata, la madera se usaba sólo para la vivienda porqué era algo difícil y caro de encontrar.

flora y fauna, agricultura y ganadería

La flora autóctona se aprovechaba en una gran variedad de usos. El esparto y el palmito (plantas autóctonas por excelencia del parque natural que con sus matorrales cubren cómo un manto las pendientes de todo el paisaje) se usaban como material para cuerdas, cestas, bolsas, zapatos, alfombras y una infinidad de usos. Las chumberas y las pitas, plantas muy resistentes y adaptadas al clima, se usaban como setos para delimitar propiedades y caminos, además los higos chumbos se consumían como alimento. Se plantaban almendros, olivos y algarrobos. En el campo se cultivaban sobre todo cebada y trigo, éste, un vez trillado en la era, se llevaba al molino de viento de los que había cerca de Fernán Pérez, donde el valle se hace más estrecho y los vientos soplan más fuertes. En todas las cortijadas había hornos de piedra con forma de cúpula donde se cocía pan hecho con la harina trigo.

En las cortijadas se criaban ovejas, cabras, cochinos, gallinas y palomas. Los campos son todavía pasto para el ganado, además de cotos de caza de conejos, liebres y perdices.

ciclo de vida sostenible

Podemos afirmar que en el Valle del Hornillo se desarrolló un ciclo de vida sostenible, en el que los habitantes han tenido que adaptarse a la naturaleza y respetar los ritmos. El paisaje ha sido modelado a lo largo de los siglos por las tecnologías ancestrales de sus habitantes y el repentino despoblamiento hizo que nunca llegaran otras tecnologías capaces de cambiar por completo el aspecto del valle. Sin embargo la presión de la economía de los invernaderos y la expansión inmobiliaria ha llegado con fuerza hasta los márgenes de la zona protegida por el parque natural, dentro no hay apenas electrificación, la única carretera que atraviesa el vale se asfaltó a finales de los '90, por el resto el valle se recorre por pistas y caminos de tierra. La mayor parte de los cortijos están abandonados, los pocos que están poblados y rehabilitados han mantenido la tipología popular.

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